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Productos programados para fallar

Llevas tiempo deseando tener una, pero el dinero nunca te ha sobrado. Tras ahorrar unos meses, te has acercado a la tienda y le has señalado al vendedor la cámara que quieres. No necesitas mirar, ni preguntar, ni informarte sobre ningún detalle ni característica del producto; tú ya los conoces todos. Te has informado durante todo este tiempo y lo tienes claro. Quieres exactamente la que indicas al vendedor.

Así que ahora sales del establecimiento con una sonrisa de oreja a oreja. Mientras sujetas con tu mano derecha la bolsa que contiene la cámara, piensas que, esta vez sí, va a tener una larga vida. Precisamente eso es lo que buscabas al elegir justo ese modelo. Una marca fiable, con reputación de hacer productos que dan buen resultado. Pero además, una cámara con buena lente, buen zoom, y todas esas cosas que, dicen, hacen que una cámara de fotos digital sea buena. Un desembolso, sí, pero justificado. Un gasto que amortizarás.

Piensas que esos dos años de garantía que ha mencionado el vendedor no son suficientes. La cámara que has comprado la usarás a menudo y durante mucho tiempo. Te acompañará en tus viajes y tus cenas, en tus fiestas y tus bodas, en tus partidos y tus conciertos. Por eso, llevaste a cabo una buena labor de documentación acerca de las marcas y sus modelos; y por eso, has decidido adquirir ese modelo en concreto. Y es que, piensas, la diferencia entre un producto de marca conocida y otro de marca desconocida es abismal. Lo barato termina saliendo caro, te dices. Y, salvo extraño contratiempo, esta cámara te durará mucho más que esos dos años de garantía.

Pero te equivocas, aunque no lo sabes. Igual que no sabes que muchos productos se fabrican para estropearse de manera repentina. Porque si te dura demasiado la industria no vende, y si no hay ventas, la industria, dicen, no ‘crece’ como debería. De modo que cuando, a los 18 meses de comprar la cámara, ya no te funciona, comienzas a plantearte que quizá lo apropiado sea adquirir otra. Al fin y al cabo, una reparación no compensa porque sale demasiado cara. Mejor pagar un poco más y tener uno de esos últimos modelos que quedarán obsoletos en poco tiempo.

Y así se reinicia el bucle. Crees que, otra vez, has tenido mala suerte con la cámara que compraste. Pero vuelves a necesitar una, y empiezas a ahorrar de nuevo. Y el resto ya lo conoces.

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Ahí va un documental que explica todo esto y mucho más. Obsolescencia programada.