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Jugar en equipo para ganar

marzo 28, 2012 2 comentarios

Hoy os traigo un relato de ficción basado en un hecho real. No corren buenos tiempos para la mayoría, pero no por ello debemos desanimarnos. Con este breve relato quiero transmitir esa idea, la de que estando unidos podemos lograr muchas cosas. Porque, tanto en la vida como en el deporte, jugar en equipo es fundamental. Espero que os guste.

 

– ¡Piiiiii!- El árbitro señala falta. Los jóvenes del equipo amarillo se llevan las manos a la cabeza. Los del conjunto azul, en cambio, lo celebran con moderación. Es la sexta falta que cometen los amarillos en la segunda parte, lo que significa que sus oponentes lanzarán un doble penalty. Las reglas del fútbol sala son así. – ¡Que lo tire Jorge! – ordena el entrenador desde la banda. Los jóvenes del equipo azul se miran los unos a los otros, asintiendo y aceptando que quizá sea lo más conveniente. Lo normal habría sido que lo lanzara Alberto, pero él ya no está en la cancha. Hace unos minutos ha visto la cartulina roja, y ahora se encuentra en los vestuarios. Tiene la mirada perdida, y está solo y preocupado. Meneando la cabeza, se lamenta y se dice que quizá haya arrojado por la borda todo un año de trabajo.

De modo que, al no estar Alberto, Jorge se aproxima al esférico y lo agarra con decisión. Es consciente de que transformar ese lanzamiento supondría certificar la clasificación de su equipo, pero no está nervioso. Con el rostro perlado de sudor y la respiración agitada por la fatiga, se agacha y coloca el balón en la línea correspondiente. Mientras el guardameta se sitúa bajo palos, Jorge mira fijamente el balón y se concentra en el golpeo. – Que vaya fuerte, raso y a puerta. Fuerte, raso y a puerta. Fuerte, raso y a puerta- se repite como una letanía, una y otra vez. Sólo quiere concentrarse en cómo le pegará a la pelota y olvidarse del resto de circunstancias. No piensa en la clasificación ni en cuánto resta para que el partido acabe. Desea no tener otra cuestión en la cabeza, pero no lo logra.

En apenas unos segundos, los instantes más relevantes del encuentro se reproducen en su mente como una película. Las cosas han comenzado bien para ellos, los azules, y pronto se han puesto por delante en el marcador. Han dominado a su rival desde el principio, pero el ambiente es adverso. Jugadores de otros equipos de su liga han asistido para animar a los amarillos y desestabilizar todo lo posible a los azules. Y lo han conseguido. Son jóvenes e inexpertos, y ninguno de ellos supera los dieciocho años de edad. Por eso, los comentarios de la grada han terminado haciendo mella en los azules, y se han puesto nerviosos. En cinco minutos han perdido la renta que tenían y su mejor jugador ha sido expulsado. Se han desconcentrado, se han ido del partido, y el encuentro y la temporada se han puesto cuesta arriba. Todo lo logrado se ha tambaleado. Y para colmo de males, se han colocado por detrás en el marcador tras recibir otro tanto. Por un momento, todo ha parecido perdido.

Pero entonces ha emergido el espíritu de equipo. A falta de un líder como Alberto que cargue con el peso del conjunto a sus espaldas. cada uno de los jugadores ha asumido su responsabilidad. Jaime ha marcado el gol del empate culminando una jugada colectiva, y Ramón ha vuelto a dar ventaja a los azules. El carácter, el sacrificio y la fuerza del colectivo han sido los argumentos que han permitido a los azules volver a darle la vuelta al marcador; y ahora, con un 5-6 y a falta de muy poco tiempo para concluir el encuentro, Jorge tiene la oportunidad de asegurar la clasificación de su equipo para disputar la fase final del campeonato provincial.

De modo que ahí está, erguido y decidido, a apenas dos metros del balón y sin quitarle ojo de encima. – ¡Lo vas a meter!- lo animan desde la banda. – ¡Vamooos! – Está claro que cuenta con el apoyo de sus compañeros, de su equipo. Jorge espira y aguarda la orden del árbitro. Éste se lleva el silbato a la boca y pita. – Fuerte, raso y a puerta-, se dice por última vez. Jorge se abalanza sobre el balón con decisión y lo golpea con violencia. El empeine de su pierna derecha impacta de lleno con el esférico, que sale disparado hacia la portería como un obús. Pero Jorge está mirando aún al suelo, tan concentrado como se encontraba en pegarle bien a la pelota. Ahora levanta la cabeza, y ve que el balón va camino de colarse en la portería, raso y pegado al poste izquierdo. El portero estira su pierna derecha cuanto puede y la puntera de su pie llega a rozar el esférico, pero no es suficiente. – ¡Goooooool!- Los azules levantan los brazos y chillan con una mezcla de rabia y júbilo. Jorge y sus compañeros se abrazan con alegría. El portero corre hacia ellos y se une a la celebración, y el resto del equipo salta desde el banquillo e invade la cancha. Todos juntos forman una piña, un grupo, un equipo. Entre risas y carcajadas se escuchan, sobre todo, dos palabras. – ¡Estamos clasificados! ¡Estamos clasificados!

 

En el vestuario, Alberto continúa sentado y mirando al suelo. Ha oído algunos gritos procedentes del partido, pero no es capaz de distinguirlos. Puede que sean celebraciones de los amarillos, que han terminando aprovechando los nervios de su rival. O quizá sean sus compañeros, los azules, que han logrado recomponerse y llevarse el gato al agua. Es imposible saberlo, pero Alberto confía en su equipo. Al fin y al cabo, él sólo es un jugador; un jugador importante, sí, pero sólo eso. Sacude la cabeza y esboza una sonrisa. De súbito lo ve todo con claridad. Ha estado tan preocupado y encerrado en sí mismo y en su vanidad, que no se ha percatado de que lo que los ha llevado hasta allí ha sido precisamente el equipo. ‘Los jugadores ganan partidos, los equipos ganan ligas’, ha oído en algún sitio. Alberto está ahora persuadido de que las celebraciones de la cancha son de sus compañeros. – ¡Goool!- oye de pronto. – ¡Estamos clasificados! ¡Estamos clasificados! – Alberto apoya la espalda en la pared relajado, levanta el puño y sonríe. – Estamos clasificados -.

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Cinco leñeros de leyenda

marzo 17, 2012 3 comentarios

Vivimos en los tiempos de la España campeona de Europa y del Mundo. Es la era del Barcelona del tiqui-taca que lo gana todo llegando a la excelencia, y también la del Athletic que elimina al Manchester jugando al toque. Es el tiempo de los futbolistas técnicos, de los peloteros y los magos del balón. Pero el fútbol no es sólo eso, y nunca lo fue. En este deporte existen y existieron otros jugadores que destacaron por otras cualidades, como el físico, la contundencia o, hablando claro, sus legendarios hachazos. Futbolistas que han pasado a la historia por aplicar la máxima de ‘pasa el hombre o el balón, pero los dos juntos no’. Son jugadores que, a su manera, se ganaron un prestigio. Ahí va mi listado con los cinco mayores leñeros de la historia de la Liga.

Pepe.

5- Fernando Couto: el Barcelona de hoy juega limpio y es un ejemplo. Rara es la ocasión en que vemos a uno de sus futbolistas hacer una entrada de esas que ponen los pelos de punta. Pero no fue siempre así. Hubo otra época en la que los leñeros también jugaban en el club catalán, y Couto es el mejor ejemplo. Verle entrar con los tacos por delante era habitual. De entre todos sus hachazos y patadas, pasó a la historia aquel pisotón que le dio a Simeone en el muslo. No hacía mucho que el argentino había hecho lo propio con Julen Guerrero. Al parecer, Couto decidió tomarse la justicia por su cuenta.

4- Ballesteros: aunque alguno lo recordará más por aquella carrera que le ganó a Cristiano Ronaldo, es uno de los mejores ejemplos de ‘profesionalidad‘. Ha hecho suyo el dicho de ‘o el jugador o el balón’, y no se arredra cada vez que entra al choque. Su corpulencia le permite abusar de los jugadores pequeños y habilidosos, y no duda en aplicar toda la fuerza de sus kilos en cada uno de sus embates. Demasiado agresivo.

3- Juan Manuel López: un clásico. El defensa del Atlético de Madrid nunca pudo librarse del sambenito de leñero que le acompañó hasta el final de su carrera. Decir López era decir juego duro o sucio, como se prefiera. Aún guardo en la retina una patada que, creo, le propinó a un adversario con los tacos por delante en el pecho. Y digo ‘creo’ porque no estoy seguro de si era él o su compañero Caminero. Lo he buscado en Internet pero no lo encuentro. Si alguien pudiese arrojar luz sobre esta cuestión le estaría agradecido 😀 En cualquier caso, la inclusión de López en esta lista era obligatoria. Lo dicho, un clásico.

2- Pablo Alfaro: y de un clásico a otro. Apodado ‘el carnicero‘ Alfaro, formó un tándem terrorífico con Javi Navarro en el centro de la zaga del Sevilla. Alfaro era un defensa de esos que dan miedo, capaz de cortar de raíz la carrera del futbolista más prometedor. Su envergadura le ayudaba en los balones por alto (esos codos…) pero no limitaba su capacidad a la hora de segar la hierba todas las semanas. Contundente y, por qué no decirlo, violento, protagonizó algunas entradas que cortaron la respiración. Y lo más sorprendente y paradójico es que era médico. Un auténtico ‘matasanos‘ 😀 (recomiendo ver el vídeo).

1- Pepe: hablar de este ‘señor’ es ponerse a otro nivel. No nos referimos a alguien que simplemente se emplea con dureza en sus encontronazos con los rivales. Hablamos de un loco, impredecible y desequilibrado, que tiene súbitos accesos de demencia que lo empujan hacer cosas que jamás se olvidarán. No se entiende de otra manera aquella paliza que propinó a Casquero una vez éste había caído ya al suelo; o el pisotón que le dio a Messi cuando ‘la pulga’ apoyaba la mano en el césped. Seguro que la leyenda de Pepe no ha terminado. ¿Con qué nos sorprenderá? Lo veremos. El número uno.

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