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Archive for the ‘Animales’ Category

Argumentos contra la monarquía

abril 16, 2012 23 comentarios

Que la monarquía está obsoleta ya lo sabíamos. Que una democracia con rey no es democracia, también. Y estábamos convencidos de que, por mucho que se diga, no sale precisamente barata. Hasta ahora, existían sólidos argumentos para reivindicar un Estado sin corona y sin privilegios por haber nacido Borbón. Pero, al parecer, a la Casa Real no le es suficiente con eso, y está empeñada en darnos más motivos para que acabemos con ella de una vez. Y es que al mediático y escandaloso asunto de Iñaki Urdangarin se le han sumado otras dos ‘perlas’ en la última semana.

Hace tan sólo unos días, Froilán, el nieto mayor de los Reyes de España, se disparó en un pie y fue operado. Ahora ha sido el mismísimo monarca quien ‘la ha liado‘. El ‘pobre’, ‘campechano’ y ‘simpático’ Don Juan Carlos se ha roto la cadera. Pero es que el ‘pobre’, ‘campechano’ y ‘simpático’ Rey de España estaba cazando elefantes en Botsuana. Elefantes, sí. Una barbaridad. Una bestialidad. Cazando un animal, el elefante africano, que está en peligro de extinción y que, calculan, para 2020 podría desaparecer.

De modo que esta pequeña ‘contribución‘ del Rey al cuidado de la fauna, que coincidió con el día en que se conmemoraba el 81 aniversario de la proclamación de la Segunda República, se produce en el momento más inoportuno. Mientras el Gobierno recorta derechos sociales y laborales bajo el pretexto de la crisis, el monarca despilfarra el dinero, unos 37.000 euros, cazando elefantes. Dando ejemplo, sí señor.

Al parecer, la Casa del Rey no informa de las actividades privadas de la familia real. Por eso, antes del accidente no se sabía lo que estaba haciendo el monarca. O sea, que los españoles que no llegan a fin de mes pagan sus impuestos para que este señor mate elefantes sin que nadie se entere porque es un viaje privado. ¿Privado? ¿Y de dónde demonios saca el dinero la Casa Real?

Pero que nadie se preocupe, porque ‘Rajoy ve al Rey con ganas de volver a sus ‘actividades‘. A estas alturas sé que es casi imposible confiar en la palabra del Presidente, pero lo voy a hacer, sin que sirva de precedente. Ojalá Rajoy tenga razón y la Casa Real vuelva a sus ‘actividades’ de los últimos tiempos. Porque, si lo hace, la Monarquía Española se extinguirá antes que esos animales a los que mata. Puede que ni así, pero no pierdo la esperanza. Confiemos en ello.

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¿Crees que las corridas de toros son cultura?

Hace tres días la Federación de Entidades Taurinas de Catalunya presentó en el Congreso de los Diputados 590.000 firmas para avalar una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que pretende declarar los toros Bien de Interés Cultural en toda España. Por supuesto, los antitaurinos rechazan calificar de cultura el asesinato de un animal. ¿Tú qué piensas?

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Dueños que no educan a sus perros

marzo 22, 2012 2 comentarios

Ha sido un paseo agradable, y Nash y yo vamos ya de vuelta a casa. Antes, en el parque, mi perro ha jugado con otro bichón maltés parecido a él. Se han olido, han saltado, han corrido… es un placer verlo disfrutar así. El tiempo no puede ser mejor: no se ve una nube, y la temperatura es de unos quince grados. Después del parque hemos caminado durante un buen rato, unos cuarenta minutos. Días así no salen todos los días, y conviene aprovecharlos. Un buen paseo, sí… Hasta ahora.

Nash disfruta del paseo.

Mientras camino, sujeto con mi mano derecha la correa que me une a Nash. Él avanza un paso por detrás de mí, a mi derecha, con las orejas hacia atrás y concentrado en el paseo. Está sumiso, buen perro. Esbozando una sonrisa, por mi mente se suceden las imágenes de mi perro jugando en el parque. – Ojalá fueran todos los días así -, pienso. De súbito, un ladrido agudo me borra el gesto de la cara. Como no me lo esperaba, se me ha acelerado el pulso. Busco con la mirada, y encuentro abajo, a la izquierda, un Yorkshire pequeño que se acerca mostrando sus dientes y arrugando el hocico . Me interpongo entre él y Nash. El perro parece poseído, tiene los ojos muy abiertos y no para de ladrar. Nash lo mira curioso, detrás de mí. Una voz surge de entre el grupo de personas que, de pie, toma algo en la terraza del bar. – ¡Déjaloooooooo! ¡Pobreciiitoo! – Es una señora que parece superar los cincuenta años. – ¡¡¡Oooyeeee!!! – Su voz estridente me taladra el oído. El Yorkshire la mira, y aprovecho ese despiste para pegar un tirón de la correa y reemprender la marcha.

Vuelvo a estar tranquilo. – El incidente de todos los días – me digo. A medida que avanzamos, oigo cada vez más lejanos los ladridos del Yorkshire. Pero otro ‘conflicto‘ se acerca a unos quince metros. Un perro cuya raza no identifico, una mezcla, un ratonero de tamaño medio, tira de la correa de su ‘amo’ con sus ojos clavados en Nash. Aunque es tirando a pequeño, el can parece tener una fuerza brutal, a juzgar por cómo arrastra al hombre que lo sigue. El señor, de unos sesenta años, aguanta como puede las acometidas de su mascota, con el brazo estirado y la cabeza hacia atrás, como si de una cuadriga romana se tratara. Viendo el panorama, decido echarme a la derecha y pasar sin tan siquiera mirar a la pareja. Aun así, al pasar a su altura escucho los gruñidos amenazantes del perro y la respuesta de su dueño – ¡Veeenga, no te pongas pesado! -.

Sacudo la cabeza. – No hay manera -. Pero vivimos justo al lado, y no nos dará tiempo a presenciar otro intento de ataque canino. ¿O sí? A punto de entrar en el portal, escucho a lo lejos ladridos, gruñidos, lloriqueos… Me asomo y veo a los dos perros que me he cruzado enfrascados en una lucha sin cuartel. Los dueños, congestionados, los separan como pueden, mientras los canes no dejan de mostrarse los dientes. – ¡Qué cosa más rara! ¿Qué les habrá pasado? – dice el hombre. – ¡Maaalo! ¡Eres maaaalo! – le dice la señora de la voz aguda al Yorkshire, esgrimiendo el dedo índice como si corrigiera a un niño.

Moraleja: pues que estoy harto de la gente que no educa a sus perros. – ¿Es macho? ¿Es hembra? – preguntan muchos, ¿Y qué más da? Si tu perro está equilibrado no tiene por qué atacar al resto, sea macho, hembra o hermafrodita. Los perros necesitan normas y ejercicio, y no les hacemos ningún favor tratándolos como a niños. Son perros. Y para mí, querer a un perro es dejarle que sea eso: un perro.

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Mi perro, o una historia con final feliz

febrero 21, 2012 9 comentarios

Hoy voy a contar una historia con final feliz. Un breve relato sobre la vida de un perrito, un bichón maltés, que tuvo la mala suerte de ir a parar a una casa donde no lo cuidaban como merecía. Pero también, la historia de un animal que, tras siete años de vida indigna, pudo disfrutar y vivir con dignidad. Es la historia de Nash, mi perro. Ese tigre con dientes de marfil que aterroriza al barrio cada vez que sale a la calle.

Nash pasea por el monte

Como digo, Nash vivió durante siete años en el seno de una familia que no lo quería. Lo que lo llevó hasta allí fue el capricho de una señora que vio un bichón maltés en una cafetería.- ¡Qué peluche! ¡Me encanta! – dijo al verlo, y al día dia siguiente se compró uno igual. Como si fuera una cosa, un mueble, un adorno. ‘Un peluche’, había dicho ella. Y así, Nash pasó a depender de aquella señora que no tardó en cansarse de él. Y el peluche pronto se volvió una molestia.

Por eso, estuvo seis años sin que un veterinario le hiciera una simple revisión ni le pusiera una vacuna. También por eso, lo cubría una maraña de pelo blanca y repleta de nudos que se transformó en algo imposible de peinar. Y por eso, su dentadura terminó quedando oculta tras una argamasa de sarro.

Cuando lo adoptamos, lo primero que percibimos fue que estaba muy nervioso. Tenía ansiedad y quería montar a todos los perros que se encontraba. Pero nos sorprendió lo rápido que aprendía. Casi desde el primer día paseaba con nosotros perfectamente. Y así, a base de ejercicio y de enseñarle que los que mandábamos éramos nosotros (mi novia y yo), fue calmándose paulatinamente. Bueno, por eso y porque fuimos al veterinario.

Y es que, como señalaba antes, el pobre estaba sin vacunas desde hacía seis años y tenía la boca fatal. Afortunadamente, el perro estaba sano y no había contraído ninguna enfermedad a pesar de la falta de vacunación. Sin embargo, el tema dental era diferente. Las palabras del veterinario fueron exactamente ‘no entiendo ni cómo puede comer’. Visto lo visto, no quedaba otra alternativa que hacerle una limpieza de boca a fondo. Antes de hacérsela nos advirtieron de que podía perder algún diente. Al final le extrajeron diez piezas.

Nash vegeta en casa

Pero Nash es un luchador, un todoterreno, y se recuperó rápido y bien. La limpieza de boca y la estabilidad le ayudaron a calmarse y a ser el perro que es hoy: fiel, enérgico y juguetón. Y aunque hace poco le han tenido que quitar otros tres dientes, ¡zampa como una lima gracias a sus muelas!

Y así llegamos al final de esta breve historia, como decía, con final feliz. Porque Nash es ahora un perro sano, limpio, obediente y equilibrado. Tiene ocho años, pero le restan muchos para seguir dando guerra por los parques de la ciudad y, sobre todo, para vivir con dignidad.

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