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Mentiras que sostienen el sistema

Existe una serie de términos o expresiones que oímos a menudo a través de gobernantes y medios de comunicación. Son términos absolutos e incuestionables que se expresan con orgullo y solemnidad. Son verdades irrefutables e irrenunciables, y nada ni nadie puede ni debe cuestionarlos porque, en ese caso, quien lo haga pasa directamente a ser una persona sin ética ni moral. Son los valores, o las mentiras, en los que se escuda el sistema para garantizar y legitimar la continuidad del actual estado de cosas. Quien los cuestiona es un antisistema, un radical, un inadaptado… ¿Cuáles son esas mentiras? Apunto varias:

Democracia: etimológicamente significa’poder del pueblo’. Pues bien, el pueblo tiene muchas cosas, sí, pero poder no es una de ellas. El pueblo tiene paro, tiene crisis, tiene pobreza, tiene impuestos, tiene injusticia, tiene políticos corruptos, tiene reducción de derechos. Y también un sistema que no es democrático.

Lo digo porque, al basarse en el sistema D´Hondt, en las elecciones españolas no todos los votos valen lo mismo, sino que dependen de la región en la que esté votando el ciudadano. Por tanto, el concepto de ‘un ciudadano, un voto’ no existe, produciéndose un desequilibrio entre la capacidad de decisión de unos ciudadanos y de otros.

Pero no sólo eso. La reforma electoral que se llevó a cabo el 28 de enero de 2011 obliga a las formaciones políticas sin representación parlamentaria a reunir más de 35.000 firmas en 20 días. No parece muy democrático, la verdad.

Sin embargo, políticos y medios de comunicación se apresuran a ensalzar la ‘fiesta de la democracia’ cada vez que se celebra una jornada electoral. No paran de decirlo, se les llena la boca. Pero ya se sabe lo que dice el refrán: dime de qué presumes…

– El respeto a la Constitución: el respeto a la Constitución se convierte en algo primordial cuando interesa al poder. La Constitución es el cáliz de Cristo, la verdad revelada, y los ciudadanos deben estar al servicio de ella y no, como debería ser, al revés. Sin embargo, el pasado 3 de septiembre los partidos mayoritarios reformaron la Constitución a espaldas de los ciudadanos. El objetivo fue limitar el déficit para poder llevar a cabo todos los recortes que hoy estamos padeciendo. Ningún partido incluía la reforma constitucional en su programa electoral cuando los ciudadanos los votaron, por lo que no contaban con el respaldo del pueblo. Aun así, lo hicieron.

El motivo que existe para reformar la Constitución no es el déficit, sino que todos los españoles menores de 52 años no han tenido oportunidad de votarla. Y es que desde 1978 han pasado ya unos añitos. ¿Por qué se niegan los partidos políticos a una reforma democrática de la Constitución?

En cualquier caso, lo más grave no es que esté obsoleta, sino que ni siquiera se cumple. Por si alguien todavía tiene dudas, dejo este revelador artículo de Arsenio Escolar.

Esos mismos gobernantes que no cumplen la Constitución se erigen en sus más  acérrimos ‘defensores’ cuando la ocasión lo requiere. Llegan a decir cosas como que no hablarán con otras formaciones políticas porque tienen objetivos no amparados en la Constitución. Lo cual sería lo mismo que afirmar que no pueden dialogar con casi ningún partido político. Un absurdo.

– Defensa de los derechos humanos: hace poco publicaba un post sobre los bancos y las armas. En él denunciaba que algunos bancos dan créditos y realizan operaciones con empresas que se dedican a la creación de armas. Por supuesto, esas armas sirven para que se vulneren los derechos humanos. ¿Qué hacen los gobiernos para atajar esto? ¿Lo denuncian los políticos? Ignoro entonces a qué derechos humanos se refieren.

Además, según la web dandodatos.com, ‘en 2009 la FAO declaró que haría falta una inversión de 44 mil millones de dólares anuales para erradicar el hambre‘. Los datos hablan por sí solos, porque ‘en 2007 gastamos más de treinta veces esa cifra en armamento (1.340 mil millones de dólares), y 44 mil millones de dólares es lo que, aproximadamente, costaron los juegos olímpicos de Pekín de 2008’.

La labor del rey: según los datos oficiales, la Casa Real nos costó en 2011 8.434.280 euros. Teniendo en cuenta que se trata sólo de los datos oficiales, no está nada mal. Pero, ¿quién ha elegido al Rey? ¿El pueblo? – Sin la intervención del Rey en el golpe de Estado del 23-F quizá no tendríamos ahora una democracia- dirá alguno (léase democracia arriba). Aunque la labor del Rey fue decisiva en aquella jornada, no creo que eso sea suficiente como para tener garantizado el puesto toda la vida. Un cargo público que los ciudadanos no han elegido. Exagerando un poco, es como si cualquiera de nosotros tenemos un marrón gordo en el trabajo, lo solventamos con eficacia y nos dedicamos a vivir de rentas el resto de nuestros días. Lo de solventar marrones ya lo he hecho, pero nadie me ha ofrecido ningún cargo vitalicio… Esperaremos a ver.

Quedan más mentiras por citar, pero quizá las deje para otro futuro artículo. De momento, y para que no os quede mal sabor de boca tras tanta mentira, escribo un par de verdades: dinero, interés.

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