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El arte de NO amargarse la vida

Juan tenía prisa y conducía impaciente. Eran las consecuencias de haber dormido hasta el último minuto. Lo hacía habitualmente, pero se las ingeniaba para llegar puntual al trabajo. Sin embargo, aquella mañana fue diferente. Se topó con un atasco que le impediría llegar a tiempo. Llegaría tarde, seguro. Muy tarde. ¿Qué iba a hacer? Era un desastre, una desgracia. ¡Qué mala suerte! Era terrible, concluyó.

Paco se dirigía al centro de salud de su barrio. Le había salido una dermatitis. Con suerte, le recetarían algo que le curaría la inflamación. Mientras caminaba, notó algo blando bajo su pie derecho. Un efluvio hediondo y conocido penetró en su nariz. Frunciendo el ceño, giró el tobillo y confirmó sus sospechas. ¡Esos malditos dueños de los perros! ¡Por su culpa tendría que dar ridículas explicaciones a su médico! No, pensándolo bien, esto no lo podría soportar. Se giró y se dirigió de vuelta a su casa. Aquellos animales y sus incivilizados amos habían conseguido amargarle el día. Tenía dermatitis y, además, pisaba caca. Era una desgracia. ¡Qué mala suerte! Era terrible, sentenció.

Inés había empezado a sudar y tenía el pulso acelerado. Sostenía el teléfono con su mano derecha, asiéndolo con violencia y estrujándolo, mientras se dirigía a la teleoperadora de voz metálica. – ¡Ya se lo he explicado a cinco de sus compañeras! ¡Sólo quiero darme de baja! ¿Qué más tengo que hacer? – Sin duda, aquella compañía telefónica se había propuesto amargarle la vida. Y lo estaban consiguiendo. Era inaceptable. Meses y meses para dar de baja un simple teléfono móvil. Era una desgracia. ¡Qué mala suerte! Era terrible.

‘Terribilitis’

El arte de no amargarse la vida es el título del último libro del psicólogo Rafael Santandreu. En estas tres breves historias ficticias que he inventado, pero que resultan verosímiles, se da la circunstancia de que los personajes valoran como terribles unos sucesos que, objetivamente, no lo son. Con anécdotas parecidas a estas, el psicólogo catalán nos ayuda a entender que no es tan importante lo que pasa, sino cómo valoramos nosotros eso que sucede.

Entonces, ¿qué es terribilizar? Es lo que todos hacemos de vez en cuando, en mayor o menor medida. Santandreu explica que nos pasamos la vida evaluándolo todo. ¿Estoy escribiendo bien? ¿Les interesará? ¿Está bueno este café? Valorar, valorar y valorar. Y tras esa valoración o pensamiento llegará la emoción. Y así, al haber terribilizado, estaremos tristes, estresados, enfadados, indignados o furiosos. Pero ese estado de ánimo no nos ayuda y tampoco estará justificado, porque no será consecuencia de una evaluación lógica.

Por eso, siempre según Santandreu, es muy importante que esa valoración que hacemos se corresponda con la realidad. Para conseguirlo, el psicólogo ofrece en su libro las claves del cambio psicológico y la transformación personal. A mí me ha gustado y me ha hecho pensar. Os lo recomiendo.

Así que ya sabéis: dejemos de terribilizar porque no sirve de nada.

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  1. tamara ortiz
    febrero 24, 2012 a las 22:28

    como puedo obtener este libro vivo en venezuela de sur america y no ha llegado me interesaria leerlo.

  1. febrero 18, 2012 a las 15:31

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